Plaqueta y ya

Antes "Verde Plaqueta" (aunque todavía es verde); antes antes "Documentando mi pasado, pa' que haya constancia" (aunque todavía lo documento, y todavía es pa' que conste).

lunes, abril 06, 2009

Morán / Hoy a las 19 hrs.

Leyendo este post del Volován recordé cuán culeros podemos ser en primaria-secundaria. Aunque nunca le pegué a nadie (a mí sí me agarraban a trancacitos vaciladores mis amiguis de la secu), sí hice cosas feas. Dos ejemplos como introducción:

1. Una vez, por ahí de tercero de primaria, acusé de manera completamente gratuita a un güei que me caía gordo de que no había hecho la tarea. O sea, ¿qué pedo conmigo? Si yo hubiera sido mi maestra, me habría castigado y puesto a hacer planas de "nadie te preguntó, pendeja"; pero como mi maestra era una garrapata malcogida, ps le puso cero a mi pobre compañerito. Me sentí TAN culpable y avergonzada que creo que ni pude dormir bien. Jamás lo volví a hacer.

2. Memo era un güei al que en la secu todo mundo se agarraba de bajada, porque era corpulento y medía como 1.90 y hablaba ronco como Xavier López (no como Chabelo), pero era el más inocentote e infantil. Una tarde-noche, en el taller de electricidad, salió el peine de que aún creía en los Reyes Magos y Santoclós. Uf. Burla inmediata. Y yo... me uní. Cruel y asquerosa y culera. Puaj y más puaj, mala mujer.

El primero fue un acto de ensayo-y-error: aunque mi mamá me había explicado que lo PEOR era ser un soplón de mierda, por pura imitación lo intenté. ERROR. La segunda fue una acción desesperada del tipo "por favor déjenme estar del lado bully-malvado, no se cabuleen tan gachamente de mí aunque sea torpe y no sepa jugar básquet y no sea de las que ya tienen chichis". ERROR.

Luego me compuse, pero debo confesar que tuve el el 2.5% de culpa en la siguiente historia:

Estudié en la Secundaria Anexa, una deplorable institución educativa cuyo nivel se refleja en la ortografía de los miembros de su grupo de Hi5. Aparte de deficiente y pseudolaica, era extremadamente pretenciosa, y te hacían creer que estabas en la mejor escuela del universo y que debías besarle los pies a los profes y venerar a la gatidirectora y obedecer a los prefectos aunque fueran unos ex presidiarios con el criterio de una suela de zapato resbalosa. Algunos alumnos se la tragaban completita, y consecuentemente despreciaban a los de las secundarias vecinas, instituciones igual de chafas pero con número en vez de nombre, y con alumnos igual de chafas pero con uniforme verde-genérico en vez de azul-de-hueva.

Pues ahí tienen que para segundo año un chavo de la Escuela Secundaria #46 logró colarse a la asquerosa Anexa. ERROR.

Su nombre era Morán. Era cachetón y no muy brillante, pero tenía iniciativa (¡error!). Era matadísimo y lamehuevos, y aun así no era mala persona, nomás como que no sabía aún qué pedo con el mundo. Pero los alumnos de la Anexa no estábamos para entrar en consideraciones de ese tipo, así que lo convertimos en la comidilla.

Se lo madreaban de todas las maneras posibles, bien ilustradas en el post de Volován (por cierto, faltó el TUBO, al menos en mi secundaria agarraban a los güeyes y les estampaban los güevos contra el asta bandera). Lo despreciábamos y nos burlábamos de él, "El Chícharo" (por aquello del uniforme verde, etc... qué pendejos). Tampoco los maestros lo querían, y de tener promedio de 10 pasó a la liga de los ochos. Se metió a la banda de guerra, y en un recreo, mientras él se comía solito su lonch, alguien agarró su trompeta y se puso a estrellarla contra la pared; cuando Morán regresó y la vio toda abollada, se puso a llorar.

SNIFF.

Después descubrimos que tampoco lo querían en su casa, que su peliteñida madre le pegaba y le hablaba feo y le escupía y. ¿Y nos tocamos el corazón por eso? Por supuesto que no.

Segundo año llegó a su fin, y salimos de vacaciones y ese verano yo seguí sufriendo el desamor del güei de este post y fui mucho al cine con los Nintendoenfermos y compré ropa con las Víboras Malditas y así. Una tarde estábamos baboseando en casa de Mario cuando sonó el teléfono. Era la mamá de Morán, llorando, porque su hijo había desaparecido.

Resulta que el último día de clases, después de la despedida y del órale nos vemos en agosto, Morán no llegó a su casa. Con mochila nada más se fue quién sabe a dónde, pero lejos de su pinche familia y de la apestosa secundaria en la que lo trataban como chancla. Y no se le veían intenciones de volver.

Gulp. Quizá sí nos habíamos pasado un poco de lanza.

El metro se tapizó de anuncios de "se busca a este niño", con una foto mal fotocopiada y "señas particulares" de lo más vagas. Obviamente era un método destinado al fracaso, por eso no nos dolió arrancar algunas y guardarlas de recuerdo.

Se conviertió en EL TEMA de plática. Regresamos a la escuela y no se hablaba de otra cosa: Morán perdido, qué habrá pasado, ¿estará ahora en Europa tocando su trompeta abollada en los trenes y viajando de a grapa? ¿Vivirá debajo de un puente en Azcapo? ¿Y si se murió? También nos arrepentimos de nuestros pecados, nos sentimos mal por haber sido tan animales, y juramos que, en caso de volverlo a ver, no lo tocaríamos ni con el pétalo de usa rosa.

Pasaron unas semanas, y justo cuando el tema se estaba olvidando, una mañana llegamos a la escuela y ahí estaba Morán de nuevo. El de simpre, nada más que mil veces más prieto, y con el pelo amarillo como de futbolista oxigenado. En la clase de deportes, cuando se puso su CHOR, lució sendos enormes (yaaa yaaaa, los anónimos puristas de la lengua, pueden estar tranquilos, no pasa nada, shu shu) piquetes de mosco tropical. Era como si se hubiera tomado unas vacaciones de varios meses en Acapulco.

Y de hecho eso ocurrió.

Nadie nunca supo los detalles, pero Morán se había largado a Acapulco sin decirle a nadie, y allá buscó una chamba de lanchero. Parece que se la pasó bien, porque regresó sonriente y tranquilo. Quizá su mamá aprendió a quererlo, o algo. Porque nosotros... nosotros no. Como dos semanas lo tratamos bien, pero después volvimos a las burlas y a los golpes. Puaj.

Luego Morán se fue a la vocacional mil ochomil, y no tengo idea de cómo le fue.

Fin.

***

Hoy a las 7 PM estaré "cotorreando" con Golfo y Cuadros en Reactor.

Etiquetas: , ,

lunes, marzo 30, 2009

Todo es culpa de Metallica

Iba yo saliendo de mi JUNTA pasanditas las 11 AM, y pensé que quizá aún habría tiempo de comprar boletos de Metallica por mí misma, independientemente de que tenía a mi mamá clicándole desde la comodidad de su hogar. Entonces hice mapa mental y dije, ah, sí, pues para allá hay un Mixup, dejen cruzo la calle.

Pero cómo ven que no alcancé a cruzar la calle porque un Beetle beige me atropelló.

Me caí al piso, puc, como en la tele.

Lo primero que pensé: A huevo, lo voy a postear.

Lo seguno: No mames, mi computadora casi no se golpeó, qué bueno.

Lo tercero: Auch, ¿estaré bien yo?

Lo cuarto: Seeeé, mira, hasta me puedo levantar.

Y entonces se bajó del auto una chica guapísima, amabilísima, preocupadísima. La mejor automovilista que pudo haberme atropellado. Y yo me morí de pena porque todo había sido mi culpa por cruzar la calle por donde NO debía, papaloteando y viendo para donde NO debía, pensando en lo que NO debía (Me-ta-lli-ca). Y entonces:

Chica maravilla: ¡Perdón, qué pena! ¿Estás bien?

Yo: ¡Perdón, qué pena! ¿Estás bien? Yo sí, yo como si nada, mira cómo camino, pasito-pasito-auch-auch.

Chica guapísima: Oye, pero te llevo al hospital, ¿no?

Yo: No, estoy bien, no te preocupes.

Chica guapísima: Bueno, ¿pero a dónde ibas? Te llevo...

Yo: Al Mixup a comprar boletos de Metallica.

A ver. Acabas de atropellar a una muchacha zarrapastrosa y ella te pide que la llevas a comprar boletos para ver a una banda decadente y pasada de moda. ¿Qué pedo conmigo? ¿Cuándo maduraré? ¿Ni siquiera por consideración le pude pedir que me llevara al doc? Me paso de lanza, de veras, soy la peor víctima posible.

Por otro lado, lo ideal hubiera sido que Chica Maravilla atropellara a un guapo muchacho, el cual habría quedado automáticamente enamorado de ella, y entonces: arjonismo. Pero no, pésimo tino de Arjona-Todopoderoso-que-todo-lo-mira (quihubo mano, ponte las pilas, ¿te imaginas la rola del atropellado-enamorado?). Ni modo.

Total que llegué al Mixup y mi mamá me informó vía mensajito que ya había comprado boletos y unas guías Ticketmaster por accidente (esos cerdos) y yo vi que estaba bien larga la fila y dije: no, ps mejor sí me voy al jóspital. Así que agarré un taxi que me botó ahí a dos cuadritas en la Cruz Roja.

Y qué bárbaro qué buen servicio. Aunque no tienen computadoras, qué bien te tratan qué bien te atienden qué aparatos tan padres, al menos para cosas sencillitas como un atropellamiento menor. Al cabo de media hora y un par de radiografías, me dijeron: señorita, usted ni tiene nada, pero igual le vamos a poner una férula para que le sane más de volada el golpe.

Con pata de palo me dijeron: vístase. Y yo batallé como nunca para embutirme el pantalón en la pierna mala, y sufrí terriblemente intentando ponerme un calcetín. Y al fin me retiré cojeando sonriente y no me cobraron ni un quinto y yo sentí unas ganas locas de donar mis 41.50 pesos a la colecta de la Cruz Roja (porque era lo único que llevaba, el poli que guardó mis cosas los contó) pero me salieron con que ya había acabado, así que pensé: nomás que tenga varo sí doy.

Mi mamá
bajó del cerro para prestarme un bastón ortopédico especial, pero, ¿por qué no?, trajo el del lado derecho en vez del izquierdo, ¡toing! Tons andaba yo coja en la calle y ella cargando el bastón y yo me imaginé las habladurías de la gente: Mira a esa señora malvada, su hija está inválida y ella que no le presta el bastón. Jujuju qué risa.

Luego le amarré unos pañuelitos acolchonados al bastón para que no se sintiera tan gacho que fuera del lado incorrecto, y me fui al concierto de Kusturica a bailar y brincar con una sola pierna, tra la la la.

Y ya.

Moraleja: Muchachos, crucen en las esquinas, no a la mitad; miren para los DOS lados de la calle, y de preferencia eviten la avenida Ejército Nacional. Y si se le van a aventar a un coche, por lo menos que sea un potencial arjonismo.

Fin.

Etiquetas: , ,

miércoles, noviembre 12, 2008

La verdad

En quinto año de prepa (que en realidad es el segundo: la secu y la prepa no tienen nada que ver) era yo bien metalera. Cuando por primera vez vino Gamma Ray a México, Mario, Edemege y yo nos entregamos al 100% a las ocupaciones propias de los fanssss: pintar una manta para llevar al concierto, ir al aeropuerto a ver si conseguíamos autógrafos, irnos a formar a las 7 AM al Salón 21 para estar en primera fila, etcétera. La escuela nos valió, como diría Barbabosa, tres kilos de verga.

El lunes regresé a clases y me dijeron que me había perdido de un examen de etimologías. Fui con la maestra, que era particularmente barco y considerablemente buena onda, y ante ella me encontré con un dilema:

1) Podía decirle la verdad y apelar a su nostalgia juvenil (¿A poco usted no fue fansssss de algún grupo o algún músico? ¿No le hubiera gustado tener autógrafo y la-foto-con y todo el show?). Porque ps las mentiras hacen llorar al Niño Dios, y así yo no me iría al infierno.

2) Podía sacarle alguno de los pretextos de stock: mi mamá se enfermó, yo me enfermé pero no lo suficiente para sacar justificante médico, se murió mi hermano (jiji, no tengo hermanos, o bueno, entonces no sabía que los tenía), embargaron la casa, me asaltaron, etc.

Opté por la primera. Hasta le enseñé mi foto con Kai Hansen (jojo). La maestra dijo: ah qué chido, pero ni madres que te hago el examen.

Plop.

Lo peor es que no aprendí la lección, y a la fecha las mentirillas blancas nomás no se me dan. Generalmente digo la pinche verdad, aunque podría no decirla y no habría ningún mal para el uiverso ni sus habitantes, pero no, ahí voy y cuento y se arma la de San Quintín (¿cuál es la se San Quintín?).

Ash.

Dicen que las mentiras se hacen grandes, pero las verdades tienen muchas más posibilidades de expandirse hacia los terrenos de lo insólito, y entonces de pronto Martini tiene tres pies (jiji, los gatiiiiitos) y la luna es una papa cocida.

Etiquetas:

domingo, septiembre 07, 2008

Giuseppe Giuseppe

La verdad la verdad, crecí sin saber nada de él. Ahí estaba, flotando en el aire como parte del conocimiento popular, pero de José José yo sólo tenía el concepto de un señor borracho y aburrido.

Cuando trabajé en Chilango me di cuenta de que TODOS se sabían TODAS sus canciones, y de que yo andaba por la vida con una enorme laguna cultural-musical. Después de cada cierre de edición íbamos a las quesadillas El Osito en Cuajimalpa, y de regreso ella y ella y él cantaban a todo pulmón sus rolas. Y yo calladita –y ni siquiera me veía más bonita– iba escuchando nomás, como buena alumna.

Con las pedas apendí a amarlo. Especialmente a la hora en que el afitrión ya nos quería correr.

Después oí en un micro que el programa de radio en el que ponen puras rolas de él se llama LA HORA FELIZ, y pensé: qué poca madre.

En fin, ahora lo quiero, lo respeto, lo aprecio. Grandes rolas. Ay, Giuseppe Giuseppe, el inmortal.

¿Inmortal?

No, ya no. Lo perdimos:



(Gracias Sirako por presentarnos el video.)

Moralejas:

–Si el alcohol te dio en la madre, guárdate y deja que tus obras maestras hablen por ti.
–Deja a tus hijos escuchar reguetón, pero no que lo interpreten.
–Por más desesperado que estés, no te cuelgues del éxito de tus pequeños.
–No cachondees con las edecarnes de un programa peruano de variedades.

Y lo más importante:

–Si bailas como botarga del Dr. Simi, ¡no dejes que tus pasitos sean transmitidos por televisión (aunque sea la peruana) y que alguien los suba a YouTube!

(A menos que de verdad seas una botarga del Dr. Simi.)

Etiquetas: , ,

domingo, enero 27, 2008

Señales del destino

El otro día iba caminando triste y enojadísima (ambas dos) por la Condesa, pateando las paredes y hablando sola. Pasé por una nueva tienda de tenis, entré, y vi los Vans de Iron Maiden. Mi lado triste decía: compra compra compra; mi lado enojado decía: no mames, no dejes que la tristeza te lleve a comprar cosas que no necesitas, ni que la quincena estuviera a la vuelta de la esquina.

Ganó el lado enojado. Me salí y seguí caminando, con las manos vacías. Saqué el celular y empecé a mandar mensajes llenos de odio y malos deseos: "ojalá que un pájaro se haga popó en tu coche", "ojalá que te marees con el incienso chairo", "ojalá que se te enchueque la nariz".

Minutos después me encontré a unos amigos: Absorto y Lucila. Él me dijo: Plaqueta, espera, nunca lo había notado pero... ¡tienes la nariz chueca!

El niño dios me estaba castigando por desearle mal al prójimo. Por lo menos ningún pájaro se hizo popó en mi cabeza (a falta de coche).

Luego ella me dijo: ¡los tenis de Iron Maiden están agotadísimos! Debes comprarlos YA.

Y entonces fui con ellos y mi nariz chueca a la tenisería (jiji). Ya habían cerrado, así que toqué:
Toc toc.
Quieeeeeén.
Una clienta arrepentida de no comprar. ¿Aceptarían mi dinero?
No. Regrese mañana.

El niño dios me seguía castigando.

Luego me desenojé y nadie se mareó con el incienso y las narices de todos se quedaron en su sitio.

Dos noches después:



¡La cuenta de mil SEISCIENTOS SESENTA Y SEIS pesos! Debo ir por esos tenis. Och, pero no abren en domingo.

Etiquetas: , ,

lunes, noviembre 19, 2007

El fantasma del chairo muertooooo

Hoy celebramos un Thanksgiving de petatiux (amo la expresión "de petatiux") porque vino mi papá, que es uanjondridpercentgringouuu aunque yo sea uanjondridpercentméxican. Larga historia que no da para post, sino para película de Almodóvar (by Plaqueta).

Tons estábamos todos acá en el pueblo en casa de mi mamá comiendo torquei y pompquinpai (bah, me quedó bien rico el pompquinpai pero fue un fracaso, sobró un buen, y eso que era lowcarblowfatlowcalloweverything y no le iba a dar culpa a nadie), cuando notamos que muchos gatos andaban rondando. Y eso antes no pasaba, sólo perros y ratones de campo y alacranes y arañas patonas y cochinillas trepadoras. Mi madre nos informó: son los gatos de los chairos (o sea, los felinos que pertenecen a los chairos, no que los chairos sean unos gatos) que viven en LA CABAÑA (más información al final de este post), y ps llevan una semana viniendo aquí aunque la Güera les gruña.

Luego "abundó" (amo el verbo abundar, él también, es taaaan de "nota periodística"): se supone que los gatos avisan a la gente cuando su amo se muere, ¿qué tal que nos quieren decir que uno de los chairos ya se petatiooooó?.

La idea nos pareció bien atractiva. ¿Y si sí hay un chairo muerto y nosotros lo descubrimos? ¡UoUouoUOUOuoUOuOuo!

Y luego que, como ya señalé en aquel viejo post, LA CABAÑA es como de escubidujuerariu:


¡El fantasma del chairo muerto!
(y que le quitan la máscara y que resulta que es el gobernador de Tamaulipas, ¿no?)

¡Ay sí! ¡Sería el Thanksgiving de petatiux más padrisísimo de la historia si encontráramos al chairo muerto!

Pero si sí, qué hueva llamar a la policía, dijo alguien.

Nah, pero ahí mañana en la mañana que se encargue la mamá de Tamara, respondió otro.

Mñeeeeeh, arguyó mi madre.

Luego Luz señaló (también amo el verbo "señalar", es taaaan de "nota periodística") que ella sabía cómo oler a los muertos: huelen a queso azul. Nooooh ps ya: había que ir a oler al muerto.

Tons se armó la comisión "ir a ver al chairo muerto". El plan era que si uno de los chairos abría la puerta, ps le iban a decir ps que si no tenía un tooooque carnal, pa que no se viera ahí todo "jijijiji, vinimos a ver si estabas muerto pero no, jijijijiji". Noooooh mamar, y ahí estaban todos nerviosos de que iban a oler al muerto y ver las cebollas a medio cortar y la escopeta y el charco de sangre y luego el zapato y luego ¡ay el muerto!

Y zaz que se lanzan.

¡CHAN CHAAAAAAAAN!

¡CHAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAN!

¡XRAAAAAM!

Y regresaron y dijeron: no huele a muerto, no hay nadie, no hay coche, no hay nada, sólo está cerrado con llave y dejaron a los gatos afuera sin comida y ya.

Fue un anticlímax tan grande que mereció este post. Ay, como el final de aquella novela que no les voy a decir cuál porque si la leen se las arruino.

Moraleja: si un gato llega a maullarles es que tiene hambre o quiere que le hagas piojito, no tiene ningún mensaje tétrico para ti, tan tan.

Etiquetas: , ,

lunes, noviembre 05, 2007

Mala vibra gooooei

Hoy me desperté de buenas, empecé el día con el pie derecho, decidí dejar atrás la hormonada y las cosas gachas del fin de semana. Fui al gimnasio (ya voy a uno menos sórdido, en éste no se rompen los aparatos mientras los uso y no hay que hacer fila para usar la máquina corre-corre porque ps básicamente hay muchas y no sólo una), me bañé con agua calientita, me puse mi blusa de cuadritos favorita, regué mis plantas, llevé siete kilos de ropa a la lavandería, me compré mi litro de leche en los abarrotes de la esquina, y me dispuse a enfrentar una jornada laboral llena de felicidad trasnacional (¿quihubo con el comentario chairo?). Todo iba viento en popa (amo las expresiones marítimas que no vienen al caso, ¿qué es una popa?).

Como ya era tardesón, tomé un taxi. Saqué mi plaquetóper con fruta y tofu (desayuno de campeones) y me lo empecé a comer tranquilamente. Yo chomp-chomp y el taxista empezó a contarme, así nomás:

-El dueño del taxi me lo va a quitar porque le debo cuatro días, y yo, yo no sé qué hacer, porque perdí a mi esposa hace un mes: el cáncer, esa MALDITA enfermedad me la arrebató, perdóneme usted la expresión, pero MALDITO el cáncer. Y a mi mamá, a mi mamacita santa, la acabo de sacar del hospital, me la acaban de entregar, a ella que es paralítica, ¡PARALÍTICA! Pero a mi niña, a mi pequeña hija, a ella no la he podido sacar del hospital, porque no tengo dinero, y ya hablé con el jefe de doctores y nada, él tiene mucho dinero, yo nada, y no puedo sacar a mi hija, ¡MI HIJA! ¿Y sabe qué les hicieron señorita, SABE? ¿A mi mamacita santa y a mi hija? ¡Las violaron! Los vecinos fueron, sé que fueron los vecinos, ¡LOS VECINOS! Y no sé cómo, pero los voy a encontrar, me cae que los voy a encontrar. ¡Pero cómo le hacen a eso a mi hija, MI HIJA, y a mi madre, MI MADRE, que además es paralítica, PARALÍTICA! Y yo sin el coche, que me lo van a quitar, porque aunque el dueño tiene mucho dinero, muchos taxis, y para él no es nada lo que le debo, pero no escucha, no entiende razones, no tiene corazón.

Mientras tanto yo: chomp-chomp. ¿Chomp-chomp?

No sabía si creerle o no. Después de todo a NADIE le pueden pasar tantas desgracias de golpe, al menos no fuera de la Época de Oro del cine mexicano. Además no es de dios contarle tanta cosa a una pobre señorita que lo único que pretende es comerse su fruta y su tofu y llegar a la oficina a empezar su semana alegremente.

Llegué a mi destino. El taxímetro marcaba treintaytantos pesos, yo pagué con uno de cincuenta y, por si las moscas, le dije al ñor: así está bien. Me fulminó con la mirada y no me dio ni las gracias: seguro esperaba que le diera, ya de perdis, uno de a cien, después del chorazo que se había aventado.

Moraleja: hay que inventarse choro por choro, tragedia por tragedia. Todas de golpe son inverosímiles.

Etiquetas: ,

viernes, noviembre 02, 2007

Sobre el derecho a la rogonería y sobre la rogonería como un pasito tun-tun hacia adelante

Desde chiquitas nos dicen: NUNCA le ruegues a un güei. Así nunca. Por dignidad y la verga de ocho patas.

Entonces cuando te mueres de ganas de rogarle a un güei no lo haces porque... porque ps eso no se hace. Y entonces empiezan los juegos de a ver quién cede primero y la chingada.

No es mi estilo. No me sale.

Antes, aunque me muriera de ganas, no rogaba. Porque sentía que los güeyes me estaban haciendo el favor de andar conmigo. Entonces, desde mi lógica, era perfectamente comprensible que no quisieran verme, que se hartaran de mí, que me dejaran plantadota, que quisieran desintoxicarse de mí; y por eso no iba yo todavía a atosigarlos con mis asquerosas dolencias de damita sensible.

Ahora sé que no me hacen ningún favor. Que no soy mal partido. Por eso sé que puedo darme el lujo de rogar, porque ps debe ser como lindo que una chica linda te ruegue, y no una pinche lata de "sácate de aquí", y que ps además si ceden a mis ruegos nadie va a salir perdiendo. O sea, puedo "rebajarme" porque "ya tengo dignidad" para "perderla", jojo.

Ustedes aguanten, ahí voy superándome, a lo mejor un día hasta me atreveré a ponerme mis moños.

Cambiando de tema, pero no tanto, otra vez quiero a un loquero. Por ahí me pasaron el dato de un psiquiatra (gracias Enrique), pero ésos te empastan y son más caros, ¿no? Además cada día creo más en nuestro carnal Freud, yo digo que ahí está toda la explicación del pedo. ¿Más recomendaciones?

Etiquetas:

martes, septiembre 04, 2007

Me muero por ver la película de Bratz

¿Ustedes no?

Por cierto, hoy traigo puesta una playera de Barbie. Es algo que JAMÁS hubiera hecho entre los 9 y los 20 años, porque me parecía un símbolo ignominioso y blah blah blah, esas cosas que uno piensa cuando está en la edad de la presunción (que es de duración muy variable y que algunos nunca superan).

En la vida real tuve como tres Barbies, entre los 6 y 8 años aproximadamente. Luego las tiré a labasura y renegué de cualquier cosa que relacionara con el género femenino, puaj. Si ya me había cargado el chamuco con la maldición del cromosoma X, iba a evadir mi destino cuanto pudiera. Por eso luego me hice metalera y me vestía con playeras de Pantera y Sepultura talla XXXXXXXXXL y esas cosas.

Contras del asunto: a la fecha, no lo he superado del todo y las mujeres me dan pánico.

Pros del asunto: lo he superado parcialmente y hoy amo el color rosa y las plumas y las joterías. Y voy a ir a ver la película de Bratz, ¡wiiiii!

Etiquetas: ,

viernes, agosto 31, 2007

¿Quién demonios inventó la deleznable costumbre de decir "provecho"?

Invariablemente te lo dicen cuando estás a medio masticar un bistec en salsa pasilla. Imposible responder "gracias" y sonreír de forma cortés sin romper otras reglas de educación, como la de no hablar mientras masticas un pedazo de bistec en salsa pasilla.

Ach.

Etiquetas: , ,

martes, julio 24, 2007

Pinches cosquillas

De chavita era bien cosquilluda. Y lo sufría muchísimo. Me sentía atacada, impotente e infinitamente estúpida por no poder contener la risa ante semejante vejación. Además arruinaban mi pose de amargueitor... y al mismo tiempo la alimentaban.

Un día, en un ataque-de-risa-que-de-alegre-no-tenía-nada, hice un movimiento abrupto y rompí algo. Me regañaron. En ese momento me di cuenta de que necesitaba ser más fuerte que mis atacantes, y decidí que no volverían a arrancarme ni una pinche sonrisa con esa técnica, NUNCA MÁS.

Bloqueé las cosquillas. El guiriguiriguiri me hacía lo que el viento a Juárez. Ponía jeta. Era yo invulnerable.

Pero hace unos días todo cambió inexplicablemente. No entiendo cómo ni por qué, pero me sorprendí a mí misma riéndome como estúpida y, lo más insólito, disfrutándolo profundamente. Una escena digna de esas películas que odio, en las que siempre hay niños supertiernos y hermosos y pícaros y adorabilísimos que se mueren al final y que tienen madres bondadosas y pechugonas que cantan mientras amasan el pan y también perros semiparapléjicos (o sea, los tienen, no los amasan) que salvan a viejecitos organilleros con hijos perdidos en una guerra terrible de Europa Oriental en la que sin embargo portan una remolacha de peluche que les recuerda el calor del hogar que está lejosmuylejos pero cercamuycerca aquí en su corazón combatiente y que al final pinches películas hacen aplaudir al reputísimo público.

Aun así, lo agradezco. Lo de las cosquillas, digo, no las películas horribles ni que el reputísimo público aplauda: eso debería estar penado por la ley.

Etiquetas: , ,

lunes, julio 09, 2007

La forma más rápida de perder clientes

Las últimas semanas había estado desayunándome religiosamente una torta de queso blanco en un changarrito de Metro Chapultepec. El encargado ya me conocía y no hacía falta repetirle las engorrosas especificaciones de mi pedido. Pero dos días se me ocurrió faltar: probé tortas de establecimientos aledaños. A mi regreso, el tortero me dijo güeritaaaa vas a veeeeer, ya no habías venido. O seaaa, a mí nadie me regaña goooei. No he vuelto a poner pie ahí.

Ahora desayuno fruta.

Etiquetas: ,

miércoles, junio 27, 2007

Comentarios como el siguiente reafirman mi postura a favor de los fumadores

"Estúpida forma de enfermarse. Dependencia inútil que nos devela como nerviosos adictos a un hábito sucio. Besar una mujer que fuma es como besar un cenicero. Fumar frente a los demás es una grosería. Fumar frente a los niños es una conducta criminal. Sí, criminal."

(visto en un foro de El Universal)

Pfffff, hasta ganas me dan de empezar a fumar para llevarle la contra a pendejos como ese.

Pero chavos, mejor invertir ese dinero que gastan diariamente en cajetillas en cosas mucho más bellas y enriquecedoras. Libros, por ejemplo, esos objetos mágicos que nos transportan a otros mundos gooooooei. ¿Y saben cuál es la mejor forma? ¡Convirtiéndose en Amigo Porrúa!


¡Porque todos somos Porrúa!

El Quijote himself la recomienda, caray, ¿alguna duda de sus beneficios?

Etiquetas: , , ,

miércoles, junio 20, 2007

Post larguísimo sobre un amargo recuerdo del pasado

Un día, hace ya muchos años, estábamos fumando en el "rincón pachuli" (juar juar), un terrenito con pasto, árboles y muchos chairos, allá en la honorable Facultas de Ciencias Políticas. Íbamos a ir al cine a la Facultad de Ciencias, y Pablito tuvo la brillante idea de que nos fuéramos no por las calles pavimentadas, sino atravesando la reserva ecológica de la UNAM.

En aquel entonces yo estaba desesperada por encajar (bueno, creo que es algo que nunca se quita, aunque ahora no se me nota tanto), así que tontatontísimapendejísimamente dije: va. No me había caído el veinte de que la reserva era un terreno hostil, lleno de espinosa naturaleza, plantas malignas, rocas filosas y barrancos mortalmente peligrosos. Un lugar perfecto para mis acompañantes -entre ellos mi novio, del que yo estaba perdidamente enamorada, aunque él no mucho que digamos-, todos ellos chairos amantes de los terrenos hostiles, de la naturaleza espinosa, de las plantas malignas, de las rocas filosas y de los barrancos mortalmente peligrosos. Pero no para mí: una metalera gordita enfundada en huipil oaxaqueño (juar juar, estaba muy confundida yo con eso del estilo) absolutamente torpe y cuyo concepto de deporte extremo era subir las escaleras del metro (a la fecha lo sigue siendo). Pffffff.

A la media hora yo estaba insolada, con las piernas raspadas, el cuerpo todo con espinas de nopal y el pelo lleno de telarañas. Me quería morir. Y entonces empezó el verdadero malviaje, una espiral en descenso de abominación dentro de mi pinche cabeza: me odié muchísimo por estar fuera de lugar, por no ser como los demás chairos, por no saber trepar rocas peligrosas ni brincar arbustos punzocortantes ni convivir en armonía con las arañas ponzoñosas. Me odié por ser una mujercita quejumbrosa. Me quise morir doble, triple, cuádruplemente. Chale, ¿por qué chingados me había tocado ser vieja?

Para conservar los tres pesos de honra que según yo me quedaban (¡ja!), me obligué a no pedirle ayuda a mi amado, porque yo NO iba a ser una carga para él, y si estaba sufriendo en la reputísima reserva era MI culpa y asumiría estoicamente todas las ESPANTOSAS consecuencias de mi PENDEJÍSIMA decisión-condición-circunstancia. Así que me caí al barranco y me jodí toda y me picó la araña y me llené de tierra pero nunca pronuncié las palabras prohibidas: "¿me ayudas?".

Aquello duró horas. Nos perdimos. Yo estaba muy mal. No es que tuviera estilo, pero igual lo perdí. Se me salieron unas lágrimas. Poquitas. Supongo que nadie las vio, porque se mezclaron con el sudor de mi cara rojo-comunista, tatemadísima por el sol.

No llegamos al cine.

Cuando al fin logramos salir de la reserva, yo estaba furiosa. Tomé un taxi, según yo muy digna (¡ja!). "¿Nadie va al metro? ¿No? ¡Pues yo sí! ¡Me largo!". Todos se quedaron pasmados, con cara de "¿qué chingaos le pasa a esta histérica... y por qué toma un taxi si el metro está aquí a una cuadra?". Porque el metro estaba a una cuadra y yo no sabía, así que 30 segundos después me sentí quíntuplemente ridícula.

Esa tarde lloré mucho. Me di cuenta de que odiaba ser mujer, especialmente porque ni siquiera era una chica linda y delgada y bailadora y agraciada y rica y bronceada y playera y comunista y segura y encantadora y bienvestida y chaira, sino un tamal metalero que no se hallaba en ningún lado.

Y entonces mi mamá me dijo algo muy sabio: "Aprende a jotear más. Porque si fueras hombre, serías gay, ¿no?".

Ooooh.

Ya pasaron como cinco años de aquel terrible día, y no ha habido gran avance. Aunque sí he dado pasos importantes: ya no me atormenta que me den aventones, raciono mis prendas metaleras al máximo y tengo cortinas de florecitas. Uf, soy taaaaan femenina.

Etiquetas: , , , , , ,