Plaqueta y ya

Antes "Verde Plaqueta" (aunque todavía es verde); antes antes "Documentando mi pasado, pa' que haya constancia" (aunque todavía lo documento, y todavía es pa' que conste).

miércoles, enero 21, 2009

Edemege: Epílogo

Originalmente estos posts eran uno solo, que versaba sobre la beca y ya. Pero la beca me llevó a Edemege, y como anduve rascando en mi cajita de recuerdos pues salieron las fotos de "aquellos tiempos", y empecé a escribir más de él y a recordar y la nostalgia y la verga de ocho patas, total que el pinche domingo ya estaba yo hasta llorando.

Entonces cambié el foco de la historia y todo se centró en ese cabrón, que ahora ha de estar feliz porque un chingo de gente leyó sobre él y hubo quien lo guguleó y que hasta tiene una postura ante él. Se ha de sentir importante –sí, más–.

Ese día de las lágrimas, después de publicar la primera entrega, por primera vez en varios años le escribí un mail a Edemege. Una carta así "de corazón". Le hablé de momentos chingones del pasado, le di una actualización a grandes rasgos de mi vida, y le dije por qué había estado evitándolo todos estos años: básicamente, me daba pánico que su voraz mamonería me llevara entre las patas, que siguiera escupiendo sobre lo que era importante para mí, que mi vida le pareciera insignificante, y que de paso intentara adoctrinarme cual feroz misionero-de-cristo sobre las glorias del libre mercado y el conservadurismo político.

No sabía de qué iba a tratar esta última entrega. Todo dependía de lo que me contestara ese güei. A lo mejor le daba hueva y archivaba el mail en la carpeta "asuntos sin relevancia internacional", quizá me respondía "Ah, sí, bueno, gracias, espero verte pronto, a ver cuándo las chelas, saludos.", o qué tal que de plano me decía que le asqueaba mi sentimentalismo-telenovelero-mexicano y que mejor sale baaaaai.

Pero no. Edemege me contestó bien bonito, y además lo hizo públicamente, como ya algunos habrán leído en los comments de Edemege II. Claro, mucho sabrá de negocios y macroeconomía y crísisis financiérasas el güey, pero ni puta idea de narrativa ni suspenso: ¿cómo comenta cosas lindas cuando los lectores están esperando el cruento desenlace de la historia? Ash. Pero se lo perdono y se lo agradezco.

Hace un par de años las diferencias políticas hubieran sido un obstáculo para tener una amistad con alguien. Pero para estas alturas de la vida tengo amigazos del alma que han hecho atrocidades tales como ir al Ángel a festejar que ganó Fox, y mi papá es republicanísimo y lee libros como "EL CASO CONTRA BARACK OBAMA", pero aun así lo quiero un chingo y me llevo escandalosamente bien con él. Quiero suponer que a Edemege tampoco le importará que yo haya votado por el Peje y que lea La Jornada y El Chamuco, ¿¿¿¿VERDAD CABRÓN????

Eso espero. Nos vemos en Londres, pero luego, nomás deja termino de pagar lo de Nuevayor. Y escríbeme, que ahora sí te voy a contestar.

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martes, enero 20, 2009

Edemege III: Gales y más allá (2000 - )

2000 - II

Desde que le dieron la noticia sobre la beca, el de por sí desbordante ego de Edemege empezó un ascenso hacia las nubes. Constantemente hablaba de cómo se convertiría en el rey del universo y nos daría trabajo a todos nosotros como vasallos de lujo, parloteaba sobre las mansiones bañadas de oro que se compraría, y describía con detalle puerco a las mamacitas pelirrojas y chichonas que se cogería desde el instante en que pisara suelo galés.

No sabíamos si reír o llorar. Así que hicimos las dos.

Lo convertimos en un personaje. Imitábamos su voz, sus gestos y sus frases más usadas. No lo hacíamos a sus espaldas, él disfrutaba que lo parodiáramos, le hacía gracia y se sentía importante –vamos, lo era–. Pero, conforme su partida a Gales se acercaba, Edemege iba superando la caricatura que habíamos creado de él. Y a mí me empezaba a dar miedo.

Un día, mientras él y yo contemplábamos a los chairos de LA jardinera, la clase dominante en la prepa, él perdió el estilo. Se puso a vociferar su desprecio hacia esos ilusos que pretendían cambiar el mundo, su repulsión hacia la suciedad en sus pelos, el tremendísimo asco que le provocaban su música y sus ropas e ideas. Pero ya no era el "pinchichairomugroso feo" de rutina, sino un ODIO con todas sus letras, un resentimiento explosivo, una ojeriza cancerosa que llevaba mucho tiempo gestándose. Los ojos se le desorbitaron, yo no lo reconocí, y no pude decir nada.

En su fiesta de despedida, en la casa de Iztapalapa de un güey llamado "El Rojo" –que tenía gansos y sospechábamos que se los cogía–, Edemege me pidió "hablar conmigo" unos minutos. Me dijo que le daba asco el novio que yo tenía (un metalero de pocas palabras), que si no lo cortaba él no podría escribirme desde Gales, que debería buscarme alguien con visión empresarial, con actitud, con verbo, con varo, con futuro. Y que yo tenía que cambiar, porque si no era más ambiciosa no llegaría a ningún lado, y que entonces cómo me iba a dar trabajo cuando fuera el PRESIDENTE VITALICIO DEL UNIVERSO. Y yo me enojé, porque a él qué le importaba, él qué sabía lo que a mí me interesaba, él qué chingados coños puta madre buaaaaah. Y sentí las lágrimas brotar a borbotones, y apreté los labios, y me sentí muy ofendida pero incapaz de confrotarlo, así que me di la vuelta y regresé a la fiesta y me puse a ver cómo Tiburrock hacía el ridículo para poder reírme y olvidar el pinche dolor.

Sniff.

Llegó el último día de Edemege en México. Iván, Mario, Lüge, Richie y yo fuimos al aeropuerto a decirle adiós. Hubo lágrimas, pero no eran "puras" como las de antes, sino un revoltijo de sentimientos, una cosa muy rara. Cuando se dirigió a las salas de abordaje y lo perdimos de vista, su mamá soltó el moco.
–¿Crees que regrese?– me preguntó.
–Claro que sí– la consolé, pero la neta no estaba muy segura.

Lüge nos llevó de vuelta a la prepa en su vochito. Estábamos tristes, pero también aliviados. En el camino cantamos "Shabadabadaba" a todo pulmón, y fue una experiencia liberadora: Edemege jamás nos hubiera permitido corear una canción pop, ni-de-broma.

Durante sus últimas semanas en México, Iván, Vilchis, Mario y yo habíamos empezado un cortometraje de animación en plastilina llamado La última pesadilla de Edemege. Trataba sobre su trayecto de México a Gales, y los sueños/pesadillas que iba teniendo en el avión: su llegada al paraíso –Gales– y cómo lo expulsaban de él por no hablar inglés, el descubrimiento de una tienda metalera atendida por Steve Harris y Björn Gelotte de la que lo corrían por mexicano, y el baile donde se enamoraba de una chica musulmana.

Es una verdadera lástima que no tengamos esa joya de la cinematografía casera (pinche Iván, ¿cómo lo fuiste a perder? Diego, deberías hurgar entre los casetitos prehispánicos, qué tal que lo encuentras, estaría finísimo subirlo a YouTube), y que su protagonista no haya alcanzado a verlo terminado.

A nosotros nos gustaba verlo una y otra vez. Por más pesado que fuera el Edemegito de plastilina, seguía siendo tremendamente simpático.



2001 - I

La mamonería de Mario llegó a su auge. Se le quitó lo metalero y empezó a despreciarme por dedicarle demasiado tiempo a la música, a perseguir bandas, a los conciertos, a mis amigos músicos. Me regañaba por no hacer nada "de provecho". Yo sólo pensaba: tengo 17 años, ya haré cosas de provecho después. Pero igual me sentía de la verga.

Aunque no tan de la verga. Porque, aunque fuera del otro lado del Atlántico, tenía un apoyo incondicional llamado Edemege.

¿O no?

Un día me llamó por teléfono. Estuvo por más de una hora perorando sobre lo MARAVILLOSO que era Gales (aclaraba: no como México), lo EXTREMADAMENTE alto del nivel académico de su escuela (aclaraba: no como la Prepa 6), lo INCREÍBLEMENTE bellas que eran las mujeres allá (aclaraba: no como las chilangas), lo INTOXICANTEMENTE deliciosa que era la comida (aclaraba: no como los tacos), lo APABULLANTEMENTE feliz que estaba (aclaraba: no como aquí). Y así todo el rato, sin permitirme colar una sola palabra en el supuesto diálogo... aunque la verdad no hubiera sabido qué decir.

Cuando colgué supe que lo había perdido.

Y entonces, por primera vez desde mi etapa suicida de los ocho años, me sentí absoluta y encabronadamente sola.



2001 - II

Edemege vino a pasar sus vacaciones de verano. Lo vimos sólo para corroborar que se había convertido en un monstruo.

Un día nos acompañó a mi mamá y a mí a ver unos depas. No recuerdo de qué estábamos hablando, pero mi mamá dijo algo así como "...sí, y ese chavo era moreno, más o menos como tú, Edemege". Y el güey, como para desmentir semejante grosería, se puso pálido. "¡Yo no soy morenooooo!". Bueno, lo que tú digas.

También su derechismo era novedad para mí. Durante un viaje General Anaya - San Cosme me vino explicando por qué deberían privatizar el metro. Acababan de vender Banamex, y él estaba feliz. No veía la hora en que México se deshiciera de Pémex. Etcétera. Y mis oídos chairos nomás sangraban y sangraban copiosamente.

Y ni porque traía yo un novio guapo, güero y simpático, Edemex me dejó en paz con eso de mi vida amorosa. "Ya te dije que te busques a alguien con actitud." ¿Actitud de qué o cómo? Grgrgrgr.

No me quedaron ganas de verlo más.




2002 y pa'l real

A partir de aquí todos los recuerdos son borrosos. Bloqueé a Edemege de mi vida, de mi mente, de mi Messenger.

Sé que se le fue olvidando el español, que cada vez hablaba más con acentouuuuu, que a veces ya de plano nos escribía en inglés.

Sé que se fue a estudiar al estado de Nuevayor, a Hamilton College, y que seguía siendo un deportista-mamado-inmamable.

Sé que tuvo un blog, pero yo ni lo leí.

Cuando venía a México yo no lo quería ver, no quería y no y que no. Hace años tuve un ilutrativo sueño sobre él y lo escribí en mi blog. Eran los tiempos en que nadie lo leía y podía hablar de quien se me diera la gana. Luego lo borré, porque Mario le pasó mi url a Edemege, y a mí me daba miedo y pena que lo leyera. Pero ahora no, lo reescribo:

Se suponía que Edemege iba a venir a México en unos meses. La idea no me hacía feliz, pero como todavía faltaba un rato, ps yo estaba muy tranquila. Un día estaba yo comiendo quesadillas en un puesto callejero, muy quitada de la pena, cuando de pronto aparecía Edemege en persona. Nomás que no era el nuevo Edemege mamey y de pelo corto y traje de diseñador, sino mi amigo el panzoncillo de largos chinos y eterna chamarrita negra llena de pelusas. Igual yo me sacaba un chingo de onda y le preguntaba: "¿Qué haces aquí? Según llegabas hasta dentro de unos meses, ¿no?" Y él me respondía: "No, pues cómo ves que ya llegué". Luego había un silencio incómodo, y entonces pasó lo más insólito que jamás me ha pasado mientras estoy dormida: el Edemege del sueño se empezaba a reír y me decía: "¡Naaaah! ¡Te la creíste! ¡Sólo soy un sueño!"

La última vez que vino a México le dijo a Mario, enfrente de su novia –la de Mario, no la de Edemege–: "Mariou, estoi orguioso de que haias conseguidou novia así de guapah, porque aunque es morenah es mui bonita".

Ella ni siquiera dudó si reír o llorar. Esa mamada tenía que ser una broma.

Pero cuando me lo platicaron yo supe que no lo había sido.

Menos mal que el "chistecito" no me tocó a mí. Porque a pesar de los años, a pesar de la dizque barrera que le había puesto, a pesar de la distancia –en todos los sentidos–, lo que dijera ese cabrón me seguía calando, para bien o para mal.

Grgrggr.

***

Ayer mi amigo Óscar –al que conocí poco después de la partida de Edemege a Gales–, tras de leer esta serie de posts, me dijo que siempre había creído que ese güei era un producto de mi imaginación.

Ya quisiera yo. Mi creatividad no da para un personaje de ese tamaño. Y ninguna ficción es capaz de zarandearme tan duro como cada uno de los recuerdos que tengo de Edemege.

Y aunque intente enterrarlo en lo más recóndito de mis fruti lupis, el cabrón ya es inmortal.




***

No continuará, pero mañana habrá un epílogo.








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lunes, enero 19, 2009

Edemege II: La prepa (98-2000)

1998 - II

A Mario tuve que arrebatarle su hojita de solucitud para el examen único, porque el muy babas había puesto de primera opción "Prepa 9", y luego la Vocacional "de por su casa". No se la regresé hasta que me prometió que pediría la Prepa 6. Para Edemege en cambio no cabía la menor duda de que estudiar en Coyoacán era mucho mejor idea que pasar tres años de su vida yendo y viniendo de Lindavista. Tan listo él.

Los tres tuvimos aciertos suficientes y nos quedamos en la 6. A mí me mandaron a un salón de la planta baja, el 406, y a Mario y a Edemege al 409, en el primer piso. A pesar de haber estudiado la secu en salones vecinos, ellos dos no se habían dirigido la palabra jamás. Pero igual trabaron amistad en tiempo récord: a la semana ya se estaban peleando como cachorros, compitiendo por ver quién saltaba más alto y retándose a leer más cientos de páginas de Dostoievski o Víctor Hugo al día.

Éramos EL trío amistoso inseparable. Íbamos a cineclubes por las tardes, en las tiendas de galletas nos preguntaban si éramos hermanos, escuchábamos mérol hasta que nos sangraban los oídos. Era fabuloso.


1999

La huelga fue el clímax de la amistad entre Edemege y yo. Nos la pasábamos forevereando, devorando libros, cine, música y quesadillas. Mario estaba un poco apartado, andaba en una etapa de mamonería extrema (ahora la recordamos como "cuando te enojabas"), y prefería encerrarse en su casa a "cultivarse" en vez de salir con nosotros, a quienes consideraba indignos de su grandeza.

En una de esas, Richie –otro amigo del grupillo– y yo estábamos en el Cineclub del Instituto Mexicano de la Juventud, esperando a Edemege. Mientras llegaba, nos pusimos a leer un cartel sobre unas becas: bachillerato internacional, colegios en países como Noruega, Gales, Italia, Canadá e India –entre otros–, estudia con güeyes de todo el mundo. Sonaba TAN bien. Estábamos todos entusiasmados cuando llegó aquel, relamiéndose los bigotes y hablando a detalle sobre el QUESOCARNE que se acababa de comer en Tepito.

–Es que no mames pinche montaña de queso y de carne y no mames te dan unas tortillotas y no mames las salsas así riquísimas y vale verga picosísimas así de que le di una mordida y no mames sentí que se me encendía la cara pero no mames güey pinche orgasmo tenemos que ir no mames...

Tuvimos que interrumpirlo con violencia para que nos dejara hablar. Le enseñamos el cartel. Lo leyó. Gritó. Dio brinquitos de emoción y vociferó "no mames no mames no mames no mames no mames no mames", etcétera. "Imagínense vivir en Gales o en Noruega como los metaleros". Nos lo imaginamos.

A partir de ese momento no hablamos de otra cosa. La beca esto, la beca lo otro. Le dijimos a Mario que le entrara, pero él, que "se enojaba", nomás nos miró con desprecio y dijo: Ash, son unos tontos, ilusos, JAMÁS obtendríamos esa beca, además mi mamá no me dejaría irme de México. Así, tal cual, lo recuerdo como si fuera ayer. Pero no logró apagar nuestro entusiasmo: nos íbamos a largar a otros países a estudiar y nadie nos detendría.



2000 - I

Arrancó el concurso de selección. Primero con una junta informativa donde nuestra emoción creció exponencialmente. Luego hubo un examen tipo Ceneval (¿o era del Ceneval?) a prueba de tontos: lo aprobamos sin pedos. Siguió un día de campo lleno de actividades chidas, en el que checaban qué tanto sobresalías del montón, reto que también superamos exitosamente. Fanfarrias y aplausos.

Ahora tocaba enfrentarse cara a cara con los ex alumnos de los Colegios del Mundo Unido, en minientrevistas. Todo había sido TAN fácil que llegamos confiadísimos, seguros de que saldríamos airosos y con una beca en el bolsillo. Aún había un montón de totopos entre nosotros, era indudable que los eliminarían a ellos, no a nosotros. A güevo.

Pero cómo ven que no.

Desde la primera entrevista me hicieron papilla. No sólo era yo ignorantísima para los estándares de los mentados Colegios, sino que no tenía un varo de seguridad en mí misma. Jamás fui buena con eso de la retórica y ni para convencer-argumentar-vender-cuentas-de-vidrio. Y los entrevistadores iban en plan agresivo, a ver qué tal reaccionabas ante las putizas de la vida real. No di una. Y como desde el mero comienzo me desmoralizaron, de ahí pa'l real fue una cagada tras otra. De verdad de verdad de verdad me quería morir.

En cambio Edemege andaba como si nada, aquello era para él como jugar "engarróteseme ái" contra alguien con Tourette. Salió sonriente tras enfrentarse con un cabrón que hasta lente oscuro traía, como judicial, para torturarte más. Rifó en las preguntas sobre literatura con sus choros sobre Los miserables, La guerra y la paz y El laberinto de la soledad. Blofeó cuando lo cuestionaron sobre su nivel de tolerancia (él era horriblemente racista, ateo rabioso y extremadamente elitista, pero dijo que no tendría ningún problema si le tocaran roomates asiáticos, musulmanes o pobres). Y todo eso porque, además de ser brutalmente culto, apasionado e intenso, el cabrón había tomado unos cursos de oratoria e hijoeputez nada más y nada menos que en el PRI. Nadie podía contra él.

Esa noche fuimos al Conservatorio a intentar ver Carmina Burana con nuestros amigos. Nos preguntaron cómo nos había ido, y casi que no fue necesario responder, porque nuestras caras lo decían todo. Edemege estaba radiante, ya se veía corriendo por los pastos verdes de Gales o muriéndose de frío en los fiordos Noruegos, y agitaba los brazos de emoción. Yo en cambio era un masacote deprimido, y se me quebraba la voz al contar lo que me había pasado esa tarde. (Flashback inútil que acabo de tener: yo llevaba puesta una playera con la portada de The Future de Leonard Cohen.) Me juré que jamás nunca concursaría para otra beca ni intentaría entrar al CUEC. Nada que involucrara entrevistas agresivas. Y hasta la fecha lo he cumplido, así de maricona.

Sniff.

Ocurrió lo obvio. A mí me batearon, y él pasó a la etapa final. Fuimos a checar los resultados a una oficina en la Anzures. Para mí lo peor había quedado atrás, así que no me apachiché más al no ver mi nombre en las listas. Al leer el suyo, Edemege primero brincó y lanzó puñetazos de victoria al aire y bailó y se paró de manos e hizo danzas tipo futbolista o personaje de Street Fighter. Lo normal.

Pero luego se me puso malito.

Le cayó el veinte de que era SEGURO que se ganaría la beca. Y le dio la pálida emocional. Me dijo que tenía miedo. Un poco, pero tenía. Y que nos extrañaría muchísimo. Que me extrañaría muchísimo.

Y lloró.

Él, el frío e indestructible y racional y los-que-lloran-son-unos-blandengues-garrapatas. Jamás lo había visto así, y ni siquiera imaginé que. Pero sí. Derramó un par de lágrimas, y yo también, porque sí era cierto, no había forma de que no lo mandaran a otro país, y entonces ya no habría Edemege ocioso por las mañanas-tardes-noches, no Edemege para el cine, no Edemege al que no se la hacían de tos en su casa por llegar a las mil, no Edemege para desvelarse bebiendo cerveza, no Edemege para intercambiar libros, no Edemege para los conciertos, no Edemege para hablar. No Edemege, básicamente.

Y nos abrazamos chille-y-chille como señoritas.

No le falló la predicción. Arrasó en las entrevistas con diplomáticos y empresarios, le dieron la beca, y le anunciaron que el Colegio que le habían asignado era nada más y nada menos que el de Gales. Todo como lo había soñado-planeado. Al fin escaparía de este ingrato país donde había vivido en la pobreza, subestimado por su familia, sus profes y la mayoría de sus compañeros. Le demostraría al mundo quién era Edemege.

¿Y quién era Edemege?

Mejor no lo hubiéramos averiguado nunca.



Y sí, CONTINUARÁ.

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domingo, enero 18, 2009

Edemege I: La Anexa (1997/98)

1997

En la Anexa tomé el taller de carpintería. Yo no quería, pero ahí me mandaron. Y ps no estaba taaaan mal, por lo menos no era "estructuras metálicas" ni "bordados y tejidos". Me aguanté.

El profe era bigotón como Pedro Infante, pero no tenía un gramo de encanto ni carisma, y era un borrachazo. Cada clase se quedaba organizando fólders o escribiendo o paseando por la escuela (¿viajes clandestinos al baño para beber de su pachita?): todo menos enseñarnos el-noble-oficio-de-Yísus. Tons nosotros ni nos acercábamos a la herramienta y nomás nos quedábamos "chacoteando" (nominación al mejor verbo de la Lengua Española). Me gustaba hablar con Brisa, una chica que más bien era un huracán, y que por lo tanto corrieron de la escuela luego luego. Entonces me empecé a llevar con un grupillo que, en las clases normales, estudiaba en el salón de junto. Entre ellos se encontraban Guevara, el Aguacate, Solano y, eternamente cabuleado y golpeado y bajado a chivo (¿no les parece el "chistecito" más baboso del mundo?), Edemege.

Edemege tenía cuerpo de perita, la cara barrosa, el pelo chino y una media sonrisa entre que tímida y tierna y maliciosa. El apodo salió de su suéter, porque en el pecho tenía bordadas sus iniciales en tamaño gigantografía: EDMG. El mote se le quedó, con nada se lo quitaría, me cae que ni yéndose a otro país.

Al principio me pareció muy totopo, y creo recordar que también llegué a burlarme de él en tono unga-bunga, como sus compañeritos. Pero ya para finales del segundo año me había dado cuenta de que era un protocinéfilo, protomelómano, protoenciclopediaconpatas y protoerudito, un güey encabronamente inteligente, agridulce-amargoso y con mucho sentido del humor. Hicimos gran gran GRAN GRAN amistad.


1998

El miércoles-a-las-6-PM se convirtió en mi momento favorito de la semana: hora de estar con Edemege. Los 110 minutos se nos iban como agua, plátique y plátique mientras el profe crudeaba en su escritorio. Aunque una vez afirmó "qué bueno que mataron a esos pinches indios patarrajada de Acteal" (Edemege, no el profe), yo lo seguía queriendo tremendamente (a Edemege, no al profe).

A veces hablábamos por teléfono por horas y horas, yo desde la Santa María la Ribera, él desde la Pensil, los dos sabiéndonos entrañables e inseparables forever and ever.

Cuando terminamos la secundaria, yo tuve uno de esos "Cuadernos de dedicatorias". Se lo dejé un par de días, y escribió con letra abigarrada y garrapatosa uno de los textos más chingones y llegadores y releídos de mi vida. Pegó con yures una pequeña su foto tamaño infantil de la credencial, donde salía cachetón y sonriente y saludable y tremendamente bondadoso.

Leo la dedicatoria, veo su carita en blanco y negro, y se me hace un nudo en la garganta. Porque está lejos, porque ya es otro, porque Edemege murió y ahora es un TRIUMFADOR llamado Ernesto Medina.



"Continuará" (siempre quise decir eso).

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