Plaqueta y ya

Antes "Verde Plaqueta" (aunque todavía es verde); antes antes "Documentando mi pasado, pa' que haya constancia" (aunque todavía lo documento, y todavía es pa' que conste).

lunes, enero 19, 2009

Edemege II: La prepa (98-2000)

1998 - II

A Mario tuve que arrebatarle su hojita de solucitud para el examen único, porque el muy babas había puesto de primera opción "Prepa 9", y luego la Vocacional "de por su casa". No se la regresé hasta que me prometió que pediría la Prepa 6. Para Edemege en cambio no cabía la menor duda de que estudiar en Coyoacán era mucho mejor idea que pasar tres años de su vida yendo y viniendo de Lindavista. Tan listo él.

Los tres tuvimos aciertos suficientes y nos quedamos en la 6. A mí me mandaron a un salón de la planta baja, el 406, y a Mario y a Edemege al 409, en el primer piso. A pesar de haber estudiado la secu en salones vecinos, ellos dos no se habían dirigido la palabra jamás. Pero igual trabaron amistad en tiempo récord: a la semana ya se estaban peleando como cachorros, compitiendo por ver quién saltaba más alto y retándose a leer más cientos de páginas de Dostoievski o Víctor Hugo al día.

Éramos EL trío amistoso inseparable. Íbamos a cineclubes por las tardes, en las tiendas de galletas nos preguntaban si éramos hermanos, escuchábamos mérol hasta que nos sangraban los oídos. Era fabuloso.


1999

La huelga fue el clímax de la amistad entre Edemege y yo. Nos la pasábamos forevereando, devorando libros, cine, música y quesadillas. Mario estaba un poco apartado, andaba en una etapa de mamonería extrema (ahora la recordamos como "cuando te enojabas"), y prefería encerrarse en su casa a "cultivarse" en vez de salir con nosotros, a quienes consideraba indignos de su grandeza.

En una de esas, Richie –otro amigo del grupillo– y yo estábamos en el Cineclub del Instituto Mexicano de la Juventud, esperando a Edemege. Mientras llegaba, nos pusimos a leer un cartel sobre unas becas: bachillerato internacional, colegios en países como Noruega, Gales, Italia, Canadá e India –entre otros–, estudia con güeyes de todo el mundo. Sonaba TAN bien. Estábamos todos entusiasmados cuando llegó aquel, relamiéndose los bigotes y hablando a detalle sobre el QUESOCARNE que se acababa de comer en Tepito.

–Es que no mames pinche montaña de queso y de carne y no mames te dan unas tortillotas y no mames las salsas así riquísimas y vale verga picosísimas así de que le di una mordida y no mames sentí que se me encendía la cara pero no mames güey pinche orgasmo tenemos que ir no mames...

Tuvimos que interrumpirlo con violencia para que nos dejara hablar. Le enseñamos el cartel. Lo leyó. Gritó. Dio brinquitos de emoción y vociferó "no mames no mames no mames no mames no mames no mames", etcétera. "Imagínense vivir en Gales o en Noruega como los metaleros". Nos lo imaginamos.

A partir de ese momento no hablamos de otra cosa. La beca esto, la beca lo otro. Le dijimos a Mario que le entrara, pero él, que "se enojaba", nomás nos miró con desprecio y dijo: Ash, son unos tontos, ilusos, JAMÁS obtendríamos esa beca, además mi mamá no me dejaría irme de México. Así, tal cual, lo recuerdo como si fuera ayer. Pero no logró apagar nuestro entusiasmo: nos íbamos a largar a otros países a estudiar y nadie nos detendría.



2000 - I

Arrancó el concurso de selección. Primero con una junta informativa donde nuestra emoción creció exponencialmente. Luego hubo un examen tipo Ceneval (¿o era del Ceneval?) a prueba de tontos: lo aprobamos sin pedos. Siguió un día de campo lleno de actividades chidas, en el que checaban qué tanto sobresalías del montón, reto que también superamos exitosamente. Fanfarrias y aplausos.

Ahora tocaba enfrentarse cara a cara con los ex alumnos de los Colegios del Mundo Unido, en minientrevistas. Todo había sido TAN fácil que llegamos confiadísimos, seguros de que saldríamos airosos y con una beca en el bolsillo. Aún había un montón de totopos entre nosotros, era indudable que los eliminarían a ellos, no a nosotros. A güevo.

Pero cómo ven que no.

Desde la primera entrevista me hicieron papilla. No sólo era yo ignorantísima para los estándares de los mentados Colegios, sino que no tenía un varo de seguridad en mí misma. Jamás fui buena con eso de la retórica y ni para convencer-argumentar-vender-cuentas-de-vidrio. Y los entrevistadores iban en plan agresivo, a ver qué tal reaccionabas ante las putizas de la vida real. No di una. Y como desde el mero comienzo me desmoralizaron, de ahí pa'l real fue una cagada tras otra. De verdad de verdad de verdad me quería morir.

En cambio Edemege andaba como si nada, aquello era para él como jugar "engarróteseme ái" contra alguien con Tourette. Salió sonriente tras enfrentarse con un cabrón que hasta lente oscuro traía, como judicial, para torturarte más. Rifó en las preguntas sobre literatura con sus choros sobre Los miserables, La guerra y la paz y El laberinto de la soledad. Blofeó cuando lo cuestionaron sobre su nivel de tolerancia (él era horriblemente racista, ateo rabioso y extremadamente elitista, pero dijo que no tendría ningún problema si le tocaran roomates asiáticos, musulmanes o pobres). Y todo eso porque, además de ser brutalmente culto, apasionado e intenso, el cabrón había tomado unos cursos de oratoria e hijoeputez nada más y nada menos que en el PRI. Nadie podía contra él.

Esa noche fuimos al Conservatorio a intentar ver Carmina Burana con nuestros amigos. Nos preguntaron cómo nos había ido, y casi que no fue necesario responder, porque nuestras caras lo decían todo. Edemege estaba radiante, ya se veía corriendo por los pastos verdes de Gales o muriéndose de frío en los fiordos Noruegos, y agitaba los brazos de emoción. Yo en cambio era un masacote deprimido, y se me quebraba la voz al contar lo que me había pasado esa tarde. (Flashback inútil que acabo de tener: yo llevaba puesta una playera con la portada de The Future de Leonard Cohen.) Me juré que jamás nunca concursaría para otra beca ni intentaría entrar al CUEC. Nada que involucrara entrevistas agresivas. Y hasta la fecha lo he cumplido, así de maricona.

Sniff.

Ocurrió lo obvio. A mí me batearon, y él pasó a la etapa final. Fuimos a checar los resultados a una oficina en la Anzures. Para mí lo peor había quedado atrás, así que no me apachiché más al no ver mi nombre en las listas. Al leer el suyo, Edemege primero brincó y lanzó puñetazos de victoria al aire y bailó y se paró de manos e hizo danzas tipo futbolista o personaje de Street Fighter. Lo normal.

Pero luego se me puso malito.

Le cayó el veinte de que era SEGURO que se ganaría la beca. Y le dio la pálida emocional. Me dijo que tenía miedo. Un poco, pero tenía. Y que nos extrañaría muchísimo. Que me extrañaría muchísimo.

Y lloró.

Él, el frío e indestructible y racional y los-que-lloran-son-unos-blandengues-garrapatas. Jamás lo había visto así, y ni siquiera imaginé que. Pero sí. Derramó un par de lágrimas, y yo también, porque sí era cierto, no había forma de que no lo mandaran a otro país, y entonces ya no habría Edemege ocioso por las mañanas-tardes-noches, no Edemege para el cine, no Edemege al que no se la hacían de tos en su casa por llegar a las mil, no Edemege para desvelarse bebiendo cerveza, no Edemege para intercambiar libros, no Edemege para los conciertos, no Edemege para hablar. No Edemege, básicamente.

Y nos abrazamos chille-y-chille como señoritas.

No le falló la predicción. Arrasó en las entrevistas con diplomáticos y empresarios, le dieron la beca, y le anunciaron que el Colegio que le habían asignado era nada más y nada menos que el de Gales. Todo como lo había soñado-planeado. Al fin escaparía de este ingrato país donde había vivido en la pobreza, subestimado por su familia, sus profes y la mayoría de sus compañeros. Le demostraría al mundo quién era Edemege.

¿Y quién era Edemege?

Mejor no lo hubiéramos averiguado nunca.



Y sí, CONTINUARÁ.

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