Mentiras
Taxista: Ay señorita, qué cree. Mi esposa el otro día me dice: te compré unos cuernos de reno para el taxi. Y a mí que me chocan esas cosas, pero no tuve de otra más que ponérselos, cómo le iba a decir que no.
Yo: Pero ahorita que me subí no los vi.
Taxista: No, los traigo en la cajuela, cómo cree que voy a andar con esas cosas tan ridículas por la ciudad. Lo malo es que cada vez que voy a llegar a su casa de usted...
Yo: Grzzzssss.
Taxista: ...pues tengo que detenerme dos cuadras antes y bajarme a ponérselos. Si no, mi esposa me regaña horrible.
Me imaginé al pobrecito taxista bajo la nieve acomodando los cuernos malhechos y llegando nervioso a casa, rehuyendo la mirada de todos, con miedo de que alguno de los hijos o la mujer lo hayan cachado en plena fechoría, y de que se arme el drama familiar y de que vuelen los platos y de que lo manden a dormir a casa del compadre –sin cenar y en microbús.
¿Y luego cómo quieren "los que mandan" en una relación que no les digan mentiras piadosas?
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