Plaqueta y ya

Antes "Verde Plaqueta" (aunque todavía es verde); antes antes "Documentando mi pasado, pa' que haya constancia" (aunque todavía lo documento, y todavía es pa' que conste).

domingo, febrero 03, 2008

Lobotomía

Un amigo del Liceo Franco Mexicano intentó conseguir un descuento de estudiante para viajar en autobús. En su escuela tienen vacaciones a la menor provocación, así que esta semana se va a la playa. Todos los que hemos estado en escuelas no incorporadas a la reputísima SEP (blaaargh, sólo de imaginar su logo me dan ganas de guacarear copiosamente) sabemos que en los periodos vacacionales "diferentes" hay que llevar una carta que acredite que tienes asueto para que te hagan válido tu descuento. También todos sabemos que la carta puede no servir para una chingada, porque si en el mostrador te topas con un pendejo, entonces no te van a descontar ni un quinto. ¿Por qué? Porque no se les da la pinche gana. Igualito que con la visa gringa, pero con compatriotas jodidos.

Llegamos a la estación y fuimos con la chava de apariencia más amable. Y sí, le atinamos, la chava bien buena onda, todo chido, perfecto, ya mero te damos tu boleto chavo, nomás deja que el jefe me lo apruebe.

(dos minutos después)

No, ps que el jefe no lo aprobó. ¿Y por qué? Porque no. ¿Pero por queeeé? Porque no. ¿Dónde está el jefe? Allá.

Quiero dejar lo mejor de la anécdota para el final del post, así que me adelantaré cronológicamente en el relato: el pobre changuito denominado "jefe" nunca entendió que el Liceo Franco Mexicano NO era un centro de idiomas, sino una escuela normal, primariasecundariaprepa, y que la carta lo decía clarito y blah. Todo en vano: una tabla de melamina Ponderosa hubiera procesado mejor la información que ese güey. No hubo manera. El pequeño simio hizo que la empresa se ahorrara unos cuantos cientos de pesos, un aplauso para el animalito.

Pero ahora sí, la descripción del tipo. Era una maravilla. Un güey como de 1.40, con los ojos chiquitos, vacíos y muy separados, piel escamosa y expresión de enormísima inteligencia (casi tan grande como la de un chicharrón de harina). Algo más o menos así:



Pero lo mejor, lo increíble, lo insólito, lo que valió el mal rato, era que el güey, además de ser el hermano gemelo del pescado de acá arribita, tenía una cicatriz gigantesca en la frente, una abertura que gritaba: LOBOTOMÍA. Algo más o menos así:



Juar, ps sí. Nunca lograremos escapar de estos seres. ¿Qué nos queda? Bloguear sobre ellos. Pero ps si pasan por la central de Tasqueña, también llévenle su retrato, ¿no? Me quedó igualito.

Por cierto, me urge que los blogueros alcancemos la categoría de "poderosos periodistas" para que Estrella Blanca vaya de rodillas a pedirle perdón a mi amigo.

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