Plaqueta y ya

Antes "Verde Plaqueta" (aunque todavía es verde); antes antes "Documentando mi pasado, pa' que haya constancia" (aunque todavía lo documento, y todavía es pa' que conste).

sábado, agosto 08, 2009

Me quedé dormidota

Deso que te duermes con ropa "de calle" y las luces prendidas y piensas "en media hora me despierto" y nada qué. Corte a: 10:30 AM del día siguiente, las luces aún prendidas, yo con las costuras marcadas en el pellejo + almohadazo + maquillaje corrido. Y no fui a la fiesta de Güerotix ;-(

Pero eso sí, qué rico descansé, y soñé un montón. Por ejemplo: que estaba yo armando un toque en una banquita de Reforma, así toda descarada, como a la 1 de la tarde de un día cualquiera. Mario me acompañaba pero él sólo observaba la operación, porque al parecer en el sueño era yo muy buena armando toques (en la vida real nunca ha sido cierto). La mota era parcialmente blanca, como si le hubieran salido hongos, y nosotros nos preocupábamos un poquito por nuestra salud. Era un toquesote, XXXL, en una sábana que parecía de papel couché. Ya que iba a empezar a enrollar, notábamos que un policía nos veía, así que intentábamos hacernos los disimulados (ajá), y nos subíamos a su coche, que era su antiguo tsurito ochentero dorado, y zúmbale "a la fuga". En eso recordaba que algún pacheco profesional me había encargado una bolsa ziploc con un guatootototote de mota, así de "guárdamelo tantito", y a mí me agarraba el miedo y el terror. Y en medio del maneje y maneje una patrulla nos interceptaba y nos decía que nos orilláramos a la orilla, y como estábamos en una cosa que era como el periférico ps no había orilla, entonces no nos orillábamos y Mario daba una vueltesotototota hasta quién sabe dónde. En la vuelta yo decidía confesar luego luego el delito menor, para que no se pusieran a revisar el coche y la cajuela llena de suéteres y mi bolsa con DROGA.

Al fin nos orillábamos a la orilla y llegaba el tira y decía: A ver a ver quién estaba armando ese toque. Y yo levantaba la manita, ponía cara de "ay qué pena" y se lo daba, ahora todo echo bolas y con la mota saliéndosele. Y me decía: A ver acompáñeme señorita. Y yo haciéndole la plática, toda sonriente: Ay poli, qué tonta, ¿verdad?, armando un toque en pleno de Reforma, hay que ser totopa en serio, me sentí en Ámsterdam me cae, ¡y luego ese toque!, todo grande, ni cómo alegar que eran los 3 gramos reglamentarios del consumo personal, ¿verdad poli? Y el poli me sonreía, era todo lindo y bonachón y cachetoncito, y amablemente que me pedía que abordara la patrulla. Era el paseo de rigor pa decirme que de a cómo la mordida. Yo, como soy una dama y no quería que el poli fuera "como mi chofer", ocupaba el asiento de copiloto y él no decía nada.

Era claro que le había caído bien y yo ya veía mi libertad cercana, a cambio de unos billetes. Le seguía diciendo: Y el colmo es que no he fumado en meses, ¡meses!, no como en la universidad que sí era bien pacheca, pero ahora, uuuuh, me cae que ya pasó casi un año de la última vez, ay, hasta deberíamos fumarnos ese toque 'orita, jeje, no es cierto poli nomás ando de chistosita. Y él nomás sonreía, y ya me había empezado a preguntar que cuánto dinero traía yo cuando, bolas periquín, de la nada caen unos "refuerzos". Y uno de ellos era un policía bigotón, una especie de Labastida pero malvado, y se enojaba y regañaba al poli bonachón y hacía que me cambiara yo de patrulla, a la de unos policías malosillos, no tanto como el labastido, pero por ái, como aprendices de maldad. Y ellos no eran platicadores y me llevaban a la delegación.

La delegación era como una clínica del seguro con un aroma más agradable. Yo llegaba sonriente y saludando a la gente como si la conociera. El área de los pachecos-y-delincuentes-a-los-que-habían-llevado-a-la-delegación parecía fiesta de la Facultad de Políticas, pero sin los tamborcitos. Yo empezaba a sentirme muy a gusto cuando decidían darme otra vuelta por la ciudad, supongo que ahora sí para sacarme varo.

Esta vez iban en la patrulla los dos policías gorditos buena onda y dos mujeres siniestronas de ceja depilada, como líderes de ambulantes o estilistas de poca monta o ambas. Me decían que con 100 varos que les diera a cada quien, ya con eso la armaba. Pero en eso me daba cuenta de que sólo traía 63.50 pesos, y había dejado mi tarjeta en el carro de Mario (junto con el guatotototote del delito). Sopas. Les decía que me aguantaran, que ahorita conseguía el dinero vía telefónica. Primero pensaba en mi mamá, pero ni modo de que me llevaran hasta allaaaá al cerro por 400 varo. Luego veía que andábamos por la Juárez, entoces se me ocurría que el buen Sánchez Villa podría sacarme de aprietos, pero su número había desaparecido misteriosamente de mi celular. Después intentaba con Lilián, pero no contestaba.

Los policías seguían manejando al azar y terminaban dentro de Chapultepec, donde yo les pedía chance de ver la Guía Roji con detenimiento a ver si se me ocurría con quién ir a conseguir dinero. Nos bajábamos de la patrulla y nos sentábamos en unas rocas y en el pastito, todos cómodos. Comenzaba a anochecer y nos poníamos a platicar y a compartir una bolsa de rancheritos que ellos traían. Era como un picnic, una cosa muy bonita. En eso llegaba otra vez Labastida II, todo enojado, y los regañaba por estar "chacoteando" en horas de trabajo. Los obligaba a subirse a su patrulla y salir a las calles a "detener el crimen" o cualquier cosa que dos policías pachoncitos y dos mujeres siniestras hagan. A mí ya ni me pelaban, me dejaban ahí sola, frente al lago de Chapultepec de mi sueño, que se parecía más a Manhattan que a la delegación Miguel Hidalgo.

Y me regresaba caminando a mi casa y ya.

Fin.

Etiquetas: , ,

70 Comments:

Publicar un comentario

<< Home