Plaqueta y ya

Antes "Verde Plaqueta" (aunque todavía es verde); antes antes "Documentando mi pasado, pa' que haya constancia" (aunque todavía lo documento, y todavía es pa' que conste).

lunes, marzo 31, 2008

Porque usted lo pidió: mi escuela-chocita-de-tabicón-peludo


Ahí la tienen, en todo su esplendor. Me chocan esos letreros genéricos sin personalidad, que además los miopes no podemos descrifrar porque tienen letras grises. Noten el detalle de los tenis colgados. Por dentro es un maloliente paraíso de chicharrón de harina, chángüises abortados y simifrutsi regado por el piso.

En mis primeros días de clases decidieron que yo estaba completamente loca, así que mandaron llamar a mi madre para decirle: señora, su hija está completamente loca, nunca hemos visto a alguien con tantos problemas. Mi mamá les dio el avión y no me cambió de escuela porque qué hueva, y a los pocos meses se dieron cuenta de que era yo la única que había comido suficiente proteína para desarrollar operaciones matemáticas simples y memorizar estados de la República sin desmayarme a medio proceso, y por lo tanto sacaba dieces, y eso a las maestrillas pendejas de mierda –que tampoco podían hacer operaciones ni memorizar ni escribir tres palabras al hilo sin una falta de ortografía y MUCHO MENOS aceptar sus deficiencias– les gustaba. Ahí tienen su locura, putas.

Hablando de putas, una vez una de ellas –una maestra, no una puta, que por cierto aseguraba que no había diferencia entre "si" y "sí"– me dijo: "Tamara, eres una prostituta" porque le había dicho al niño que vendía nieves que si me fiaba una nieve de limón me hacía su novia.

Jiji, loca y puta ante los ojos de la SEP.

Ah, qué recuerdos. El conserje era como un Hagrid malo que me veía libidinosamente. El otro conserje, también gordo como camión materialista histórico, traía una sempiterna camiseta transparente manchada de grasa. La maestra de deportes tenía más pelo en las piernas que yo en la cabeza. Vendían Boing de triangulito y tacos grasosos e insalubres preparados por las maestras.

No, no lo volvería a hacer.

***

Más fotos de mi paseo por Santa María la Ribera:

1. La esquina maldita:

Un local que fue taquería, panadería, carpintería, restaurante oaxaqueño y tienda de regalos, y ningún negocio pegó. Ahora dice que vende quesos pero ya se convirtió en carpintería otra vez. No insistan, ya quémenlo.


2. Mi ex casa:

En el primer piso, lado derecho, viví de los 8 a los 21 años. Por ahí del 97 o 98, por alguna extraña disfunción mental de mi familia (y mía, de paso), se dejó de limpiar, y vivíamos en el más asqueroso de los muladares. Es raro, porque ahora somos desordenadas promedio, pero aquéllo era un infierno.


3. Pulquería "La Xóchitil".

Sigue existiendo. Pasé por ahí miles y miles y miles de veces, casi diario brinqué a los borrachos de la banqueta, y nunca entré. Ahora es cuando, ¿quién se apunta a unos pulques?


4. Nuevo bazar:

A una cuadra de mi ex casa abrieron un bazar de ropa y chácharas usadas. ¿Ya pa qué? Uf, me la hubiera pasado ahí metida. Ese día fue mi oportunidad de comprarme una legítima botellita sonriente con arena de colores, pero sólo adquirí una corbata coqueta y un sombrerito tipo años veinte.


6. El "mall":

Por ahí del 93 abrieron un "centro comercial" frente a la Alameda Santa María. En un principio tenía unas pinchurrientas salitas de cine, recuerdo perfectamente que ahí vi mi primera película de Woody Allen, Mighty Aphrodite, y que mi vida cambió. El cine quebró, así como la mayoría de los negocios. Si la esquina de la foto 1 está madita, ésta es una manzana completa maldita. Sólo han sobrevivido El Globo, la paletería La Michoacana, y la tienda de artículos esotéricos que podemos observar en la foto. Ya ni deposité mis deseos, qué burra.

Ah, también hay otro negocio que ha sobrevivido por los siglos de los siglos:


7. Las maquinitas:

Horas di diversión cuando estaba en la primaria y me iba a perder dinero jugando tonterías. Juntaba boletitos que luego cambiaba por pendejadas que, en cualquier otro lado, hubieran costado cincuenta centavos o algo así. Afuera hay monitos de esos en los que trepas a tu chiquillo y emiten música y se mueven: llevan repitiendo las mismas melodías por años y años y años y años, y juro que una vez que clausuraron temporalmente las "Kitt Diversiones" se seguía escuchando el sonido por las tardes, uouououououououo.


8. Las empanadas de los rusos terroristas:

Hace muchos años salió en las noticias que habían puesto una bomba en el metro de Moscú, y que los terroristas habían huído del país. Tons íbamos mi mamá y yo en la micro cuando de pronto se subieron unos rusos, y mi mamá: no manches, ¡son los de la tele! ¡Los de la bomba! ¡Son ellos, íralos! Y yo: ay mamá, todos los rusos son iguales. Y ps quién sabe, pero luego que van y que ponen sus empanadas y que son todo un éxito. Aunque eso sí, son bien groseros cuando te atienden.


9. La taquería.



De esta taquería no tengo nada que decir, ni siquiera sé si existía en mis tiempos, pero ps me gustaron los dibujitos.


FIN.

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