Plaqueta y ya

Antes "Verde Plaqueta" (aunque todavía es verde); antes antes "Documentando mi pasado, pa' que haya constancia" (aunque todavía lo documento, y todavía es pa' que conste).

lunes, noviembre 10, 2008

Pasto

En las vacaciones entre la secundaria y la prepa, yo no salí de viaje ni conseguí un trabajo de medio tiempo ni aprendí un idioma nuevo, sino que me la viví conectada a internet. Días y noches los pasé frente a mi Pentium-Pentium, con su módem de 56 k y su Windows 95, tan vetusta ella, y me conectaba al mIRC para buscar vida social.

(Aclaración para las nuevas generaciones: antes de que existiera el Messenger e incluso el icq, uno se conectaba a chatrooms que se veían más o menos así:
)

Una vez estaba en el canal #mexico, donde se desarrollaba una álgida la discusión sobre los skates...

(Otra explicación para las nuevas generaciones: hace diez años, en vez de emos había skates, y eran igual de vapuleados y despreciados por la intolerante sociedad, nada más que ellos tenían patinetas para golpearte y/o huir.)

...y ps yo como asegún era METALERA hablaba mal de los pobrecitos patinetos y su horrible música (que a la distancia no es TAN horrible, incluso hay bandas de ese género que me encantan). En la pantallita de letras con apariencia prehispánica había un par de güeyes que los defendían, y otro que los atacaban con argumentos de calidad como "es que son putos". Justo cuando ya me estaba hartando de tanta necedad sin sentido, se unió a la discuión pasto, quien se puso de mi lado en la crítica "inteli-geeeen-teeeee" contra de la escatez.

(Éramos un par de mamones insufribles, pero entonces no nos dábamos cuenta).

Pasto no sólo odiaba a los patinetos, sino que era METALERO y amargoso e inteligente. Y yo me cyberenamoré. Creo que esa misma noche hablamos por teléfono: "ah, sí, somos tan malotes, oímos mérol, uf, somos lo mejor". Y yo me telefonenamoré.

A los pocos días quedamos para ir al Chopo (¿a dónde más hubiéramos podido ir?). Y lo vi y me enpersonenamoré, porque era así guapillo y tenía una mirada verde y taciturna y andaba todo de negro y era mordaz y seguro de sí mismo y yo *corazoncitos*. Después del chópin (él se compró una chamarra negra, yo un disco de Tool) fuimos, no recuerdo exactamente por qué, de tour por cada una de las casas de mis amigas de la secu. Supongo que porque él quería conocer cómo era la vida de las chicas de una escuela pública del centro de la ciudad (él era de Coapa, jiji).

¿¿¿¿Qué clase de primera cita fue esa???

No sé, pero "lo nuestro" continuó. Hablábamos un chingo por teléfono. Llegamos a tener conversaciones de hasta CUATRO HORAS SEGUIDAS. ¿Sobre qué? No tengo la menor idea. Sólo recuerdo que una vez nos reímos de lo absurdas que eran las casitas de Baywatch, chiquitas por fuera y mansiones por dentro, y que mientras parloteábamos yo arrancaba el yeso de la pared. También me contaba de la chica con la que quería, cómo le soltó una vez un "te quiero" y cómo ella no había hecho gran cosa. (Dato curioso: años después la conocí, y no sólo eso, sino que maaaaaás –muchos más– años después hubo algo entre ella y mi ex novio el-más-querido). Yo no sabía si sentir celos o alegría por ser su confidente-de-secundaria.

Salimos otras veces. Fuimos a ver la pinche película esa del Soldado Ryan, y durante toda la función nos tomamos de la mano. Un día fuimos a un concierto en el Cine Ópera. Las bandas que tocaban era Resorte (jaja, "puro rock puro rock puro rock puro rock puro") y A.N.I.M.A.L. Durante un buen rato me estuvo abrazando, así, abrazando, y yo me moría de ganas de agarrármelo a besos pero no me atreví, pinche miedosa, pinche maricona.

Y así. Nunca nos besamos, nunca pasó nada.

Como era metalero y amargoso y cínico, un día me dijo: ya no quiero hablar contigo, ya no hay que hablar, ya no. Yo dije que oquei, y colgué, y me quedé con el teléfono en el regazo, viendo a la pared (sin yeso) por un buen rato. Auch.

Pasaron los años (pocos). Yo dejé el look metalero y más bien intenté el de blusitas tejidas y/o compradas en el Bazar India.

Una vez andaba yo regalando un gatito que rescaté de la calle. Y de pronto apareció él en el icq, y le dije: ¿quieres un gatito? y él me dijo: sí, quiero un gatito.

Se lo fui a dejar a Coapa. Viajé en Tren Ligero. Hacía calor y yo sudaba por eso y por los nervios. Me bajé y ahí estaba él en el andén, ya no metalero, ya no de negro, ya no amargoso. Ahora era chairo, con un look que él mismo definió "como de güey del Madrid", vestido de colorcitos, y con una gran sonrisa y buena vibraaaa goooooei. Me contó que ps ahora era feliz, había dejado la mala ondez en el pasado, que el mérol ya no era lo suyo y que ahora iba a raves y le regalaba paletitas de caramelo a la gente por el simple placer de regalarle paletitas de caramelo a la gente.

Le di al gato. Juró cuidarlo. Nos despedimos. No volví a saber de él.

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