Plaqueta y ya

Antes "Verde Plaqueta" (aunque todavía es verde); antes antes "Documentando mi pasado, pa' que haya constancia" (aunque todavía lo documento, y todavía es pa' que conste).

lunes, septiembre 29, 2008

Besos

Corrían mis días de juventud. Estaba yo en Prepa 6, cuarto año (que en realidad era el primero), y ya me había adaptado al estilo de vida soy-fea-uso-playeras-XXXL-no-tengo-novio. Un día, el profe de Geografía, que era famoso por ser borracho y barco, nos llevó "de práctica" a Valle de Bravo (¿a qué? Ps quién sabe, pero se puso bien pedo). Yo me puse mi playera XXXXL de los aztecas en el metro de Trino (prenda que después abandoné pendejamente porque Mario decidió que Trino era una mierda y me decía cosas horribles cuando me la ponía... ¿qué dices ahora al respecto, dude?).

El viaje fue completamente olvidable (¿que no Valle de Bravo es un club de golf y lanchas para señores que son como Barbabosa de grande, y no para una bola de protochairos que estudian en Coyoacán?). Pero ps a la hora de regresar apagaron todas las luces del camión. Era noche cerrada y no se veía nada. Como éramos una bola de adolescentos perdedores y calenturientos (características que no se llevan nada bien entre sí), ps aprovechamos la situación y cada quien se agarró a alguien para darse de besos. Tons yo dije: ¿por qué no?, y me arrejunté con uno que me caía muy bien y órale vas, porque ps quién sabe, ¿qué tal que éramos el uno para el otro y estábamos a un muac-muac de distancia de descubrirlo?

A pesar de mi limitadísima experiencia en eso de los besos, me di cuenta de que algo no estaba bien. Había DEMASIADAS babas. Aquéllo era violentamente monótono y atragantado. No podía mover el diente la lengua el paladar el labio la barbilla la nariz el cachete porque de pronto todo estaba dentro de la boca de ese güei. Ay no, qué cosa tan fea. Pero, ¿cómo decirle "¡espérate güey no mames ya me voy!" sin herir sus sentimientos?

Así como el momento-el-lugar habían sido propicios para el atasque, la oscuridad y lo difícil que era desplazarse entre los asientos me permitió escabullirme y ocultarme entre otras personas –ajenas a la besuquiza.

El mal besador no me encontró más, y al día siguiente continuamos nuestro compañerismo-amistad como si nada.

***

No sé cuál fue la conclusión de la historia, porque aún no logro responder la gran pregunta:

¿Existen realmente los malos besadores, o sólo hay personas incompatibles besísticamente hablando?

¿Lo que a mí me parece un beso asqueroso será la delicia más grande para otra persona?

¿A alguien le parecerá sexy alguien que hace los ojos para atrás mientras te otorga sus labios con la indiferencia de un zombie vegetariano?

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